viernes, 28 de septiembre de 2012

Especial Día Mundial del Turismo 2012

(Poemas de Octavio Paz, Günter Grass y Manuel González Barrera)


Octavio Paz
En la veranda del Cecil Hotel
Miss Penélope (pelo canario,
medias de lana, báculo) repite
desde hace treinta años: Oh India,
country of missed oportunities...
Arriba,
entre los fuegos de artificio
de la jacaranda,
graznan los cuervos,
alegremente.

(Ladera Este, Utacamud, 1962-1968)

Günter Grass

Los búnkeres de la playa
no pueden deshacerse de su hormigón.
A veces llega un general semidifunto
y acaricia las troneras.
O bien las pueblan turistas
por cinco atormentados minutos.
Viento, arena, papel y orina:
La invasión no cesa.

(Poemas, Normandia, Visor, 1999)

Manuel González Barrera
(In memoriam)

Dejadnos solos
señores turistas
con nuestra fea injusta agria
esplendorosa ciudad
no golpeéis en nuestro rostro
vuestra estúpida felicidad
vuestras mujeres insípidas
vuestros ancianos con gota
porque también sé
que os suicidaréis como pájaros
en otra ciudad que no es la nuestra
también sé
que la bolsa y el gran trust
os han puesto el corazón de mantequilla
también sé
que soportasteis heroicos el nazismo
entra las cloacas
también sé
que vuestros hijos se intoxican
con cianamida cálcica
también sé
que aunque civilizados no estáis
satisfechos
y huís huís huís
aterrados ebrios drogados locos
humanos en desbandadas
como golondrinas buscando estaciones
más propicias
huís huís huís
del inmenso catafalco que es europa”.

(Guia turistica no oficial, Cíclope Editores, 2009)

martes, 3 de julio de 2012

"Del turismo más hondo", por Víctor Álamo de la Rosa


Hace tiempo que sigo la estupenda ocurrencia que han tenido los poetas Acerina Cruz, Samir Delgado y David Guijosa, titulada Leyendo el turismo, porque a menudo uno se cansa del empeño que ponen algunos en encastillar la poesía en el feudo de su pedantería, rodeándola de foso y caimanes, para que solamente presuntos excelsos mártires, rodeados de un aura mística, puedan acceder a su limbo de belleza. Cruz, Delgado y Guijosa han tenido la feliz audacia de hacer una lectura literaria, con todas sus mayúsculas, de una realidad apabullante (la de Canarias como laboratorio turístico), que solo muy de vez en cuando había asomado por la literatura que se escribe en Canarias. De hecho, la memoria, a bote pronto, solo me dicta un par de nombres que indagaron en poesía en esto del turismo como tema literario: Alonso Quesada y Agustín Espinosa. Cuando se piensa en los últimos años de tradición literaria canaria, uno llega a la conclusión de que nos hemos instalado en la inopia, no solo los escritores, sino, particularmente, el mundo académico y universitario. Como si no viviéramos en Canarias, islas transidas por la cortante y compleja realidad turística, una realidad que determina tanto o más que nuestros tópicos geográficos más evidentes: mar e insularidad. La actividad turística planea sobre todo lo que somos y hacemos y ya, ser canario, implica esa convivencia con el turista, en el más amplio sentido de la palabra. Nuestros próceres literarios no habían indagado, hasta ahora, en esa peculiaridad que, en pleno siglo XXI, confabula para que Canarias y su territorio y Canarias y su población seamos producto de la metamorfosis que ha propiciado el turismo. Somos diferentes porque estamos hechos de turismo, esto es, mestizajes variopintos, geografías fragmentadas no solo por la insularidad sino por la más hambrienta especulación urbanística y hotelera, y mar donde crecen las banderas de todas las nacionalidades, de todas las lenguas, de todas las patrias. No existe para el canario el ser extranjero. Ya nos hemos acostumbrado a la presencia de mil lenguas y costumbres y por eso ya era hora de que desde la literatura empezáramos a preguntarnos en qué demonios nos hemos convertido. Si antes sabíamos que los conceptos de insularidad y mar determinaban nuestra idiosincrasia, ahora habrá que sumar el hecho turístico, para que el poema y la novela empiecen a indagar en lo que de veras somos. Creo que esa y no otra es la verdadera última intención de esta propuesta de leer el turismo, acaso el auténtico espejo donde deberíamos mirarnos si queremos vernos el rostro. Cruz, Delgado y Guijosa proponen preguntas nuevas, y eso me interesa. Es viento fresco y happy hour en nuestras letras, y eso me interesa. Aires nuevos para una poesía que sabe que el turismo más hondo es el que nos lleva hacia dentro.


 Víctor Álamo de la Rosa

martes, 22 de mayo de 2012

"Leyendo el turismo o el viajero es una especie en extinción", por Sabas Martín

El viajero es una especie en extinción. Cada vez hay menos viajeros y son más los turistas que han venido a reemplazarlos, propagándose como mancha imparable de aceite a lo largo del mundo que, como dijo el escritor peruano Ciro Alegría, es “ancho y ajeno”. No sé quién afirmó que un viajero es aquel que se desplaza sin billete de vuelta, mientras que un turista tiene la fecha de regreso asegurada. Tenía razón.
            
Sabas Martín
En uno de sus poemas, Rilke se preguntaba: “¿Dónde a este interior, un exterior hallaríamos?”. El autor de las Elegías de Duino se interrogaba  sobre cómo y dónde hallar un paisaje, una geografía, un territorio que se adecuara a la compleja interioridad del ser humano. Apuntaba así el poeta, de manera indirecta, hacia una de las necesidades que han caracterizado desde siempre el comportamiento de los humanos y que se ha convertido en una forma habitual entre sus varias expresiones de cultura: el viaje. Viajes y viajeros ha habido muchos, pero, como digo, el viajero puro es una especie en extinción creciente. Quizás porque aquellos viajeros primitivos tenían mucho de exploradores, de individuos capaces de abolir fronteras e inaugurar mundos desconocidos para contarnos luego, como si fuésemos el mismísimo Kublai Kan, las maravillas del universo. En esa estirpe de viajeros pienso cuando aludo a Marco Polo, a Colón, a Alí Bey, a Lawrence, a Terroux, a Chatwin e, incluso, más próximos aún, a Bourroughs o Kerouac. Hoy, con el mundo al alcance de un clik en Google o Wikipedia, es casi imposible sentir la intensidad del vértigo de la aventura y la emoción honda del descubrimiento. Hoy no quedan viajeros. Hoy tenemos turistas.

Viajar, decía Grahan Greene, “nos permite huir de la rutina cotidiana y del miedo al futuro”. Bien lo sabían aquellos viajeros de antaño que descubrieron mundos e inauguraron geografías hasta entonces ignotas. Porque el viaje, sí, es un ejercicio de pasión. Pero ahora, en un mundo globalizado, ya no quedan universos que explorar, salvo, quizás, el propio interior. Pero ese es otro tema.
            
La pasión aventurera del viaje, su incertidumbre sobre el destino final, hace tiempo que ha sido sustituida por la comodidad complaciente del “todo incluido”, por las explicativas visitas guiadas, por las excursiones a rutas pintorescas, por las hamacas bajo el sol junto a la piscina, por el “tótem” del paraíso que generalmente se revela más “artificial” que “natural”. Todo ello, en una suerte de congregación tumultuaria en donde confluyen lenguas extrañas y fisonomías dispares que, al cabo, tendrá su punto final y el previsto regreso al origen. Es el turismo. Se viaja, pero no se desechan las raíces. Sin riesgo, sin aventura, sin pasión en suma. Quizás de todo lo experimentado, al turista solo le quede una simple, a veces vaga y confusa, a veces fugaz y fugitiva, sensación de placer. Y los “souvenires”, claro.
            
Pero no se piense que soy enemigo del turismo. Baste simplemente recordar su papel como motor de intercambio cultural, su influencia efectiva en el cambio de hábitos de comportamiento anacrónicos, o su incidencia como estímulo de la economía para aceptar su realidad. Otra cosa es la sostenibilidad y la depredación. Únicamente constato la diferencia entre viajero y turista. Y, añado, que el turismo es un fenómeno sociológico de múltiples derivaciones que conviene analizar atendiendo a esas diversas implicaciones que configuran una inédita y cambiante realidad.
            
Canarias es punto de destino de visitantes de todo tipo, entre los que no faltan híbridos entre viajeros/ turistas a lo largo de su devenir histórico. Así ha sido ya desde las remotas expediciones del rey Juba y otras tantas civilizaciones, pasando Humboldt, o aquella misión científica inglesa que quiso pesar el aire en el Teide, hasta el aposentamiento de colonias británicas o alemanas de tiempos modernos. En nuestra narrativa hay ejemplos de ese flujo continuo y escritores como los Millares Cubas, Alonso Quesada o Pérez Armas, entre otros y por ejemplo, se han ocupado de relatarlo. Sin embargo, no es tan pródiga nuestra poesía en este tema.
            
Quizás por eso resulta tan estimulante y original la propuesta conjunta de los poetas David Guijosa, Acerina Cruz y Samir Delgado (el orden de los factores no altera el producto) que se nos presenta con el título genérico de Leyendo el turismo. Según su declaración de objetivos, se trata de un “poema en construcción”, “de un conjunto dinámico de actividades culturales organizadas en espacios ciudadanos de la ciudad turística a través de un mito: Turistneyland”. Sin duda, se trata de una manera novedosa de asumir la poesía como sistema crítico, como instrumento de análisis, como incitación de interacción, que aporta una mirada singular y una arriesgada tentativa de asumir el lenguaje y el mismo hecho poético desde insólitas perspectivas. ¿Cabe compaginar el impulso lírico de la palabra con la indagación sociológica, histórica, económica…? (Y aquí, ahora, a botepronto y entre paréntesis, recuerdo a Ezra Pound o pienso en Ernesto Cardenal). ¿Cabe hablar desde lo poético, entre otros motivos, de la “configuración mercantil del paisaje”, de “la deshumanización del destino de masas”, del “papel del lenguaje publicitario”…? Creo que sí. Aunque solamente sea para intentar abrir nuevas vías y ensanchar los límites tradicionales de la escritura poética.

En esta propuesta de Leyendo el turismo quiero ver el espíritu renacido de los viajeros de antaño, esos que partían sin tener pasaje de vuelta. Y eso, como nos han explicado ensayistas como Gilles Lipovetsky o Camille de Toledo, en un tiempo en que el mundo capitalista se ha convertido en un parque temático, es de por sí un valor destacable, más allá del mero atrevimiento.

Sabas Martín, escritor, periodista y Académico Honorario de la Academia Canaria de la Lengua.


lunes, 21 de mayo de 2012

Celebrada conferencia en Maspalomas sobre literatura canaria y turismo alemán


Maspalomas recibió la visita del prestigioso traductor alemán Karl J. Müller (Colonia, 1945) con una conferencia inédita hasta la fecha sobre literatura canaria y turismo alemán. Con la convocatoria realizada desde el proyecto cultural Leyendo el Turismo, el público asistente en el salón de actos de la Bbilioteca de Maspalomas pudo conocer el testimonio de nuestro invitado, locutor de radio en Alemania y traductor especializado en las voces de autores canarios e hispanoamericanos. Licenciado en Filología Española por la Universidad de La Laguna (Tenerife), completó formación universitaria en las universidades de Siena (Italia) y Amiens (Francia). Es autor de libros sobre historia de canarias, y en su dilatada experiencia ha traducido a clásicos de la tradición lírica canaria como Agustin Espinosa, y autores contemporáneos como Olga Luis Rivero, Andrés Sánchez Robayna y Félix Hormiga.



Tras un año de andadura en el universo de la ciudad turística y la recreación literaria, nuestro proyecto ha continuado favoreciendo un espacio de reflexión sobre el imaginario turístico de las islas y las producciones simbólicas que desde el arte y la literatura se vienen forjando en su común decurso histórico. Con este encuentro cultural en el sur grancanario, se planteó la necesidad de un acercamiento enriquecedor del público alemán a la obra de autores canarios contemporáneos en lugares de referencia como la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, las posibilidades de promoción turística y el reconocimiento del paisaje, la cultura y el patrimonio de Maspalomas a través de la literatura a ojos del turista alemán. Una cita que se repetirá en próximas ediciones para los amantes de la literatura y el análisis de las nuevas formas de entender el destino turístico.

Y como broche final del evento, se desarrolló una lectura de poemas a cargo de Acerina Cruz Suárez, quien desveló algunos poemas de su trabajo literario Apartamento 714, parte integrante del libro de poesia reunida que los miembros de Leyendo el turismo estamos ultimando bajo el título de Turistneyland.

Video en youtube: